©Enrique Cidoncha

©Enrique Cidoncha

Frenesí.  No son todos los que estaban, pero si están muchos de los que fueron protagonistas, ya no de la gala, sino de todo lo que hay detrás de las tablas y que pocos privilegiados pudieron ver. Definitivamente, las estrellas son de carne y hueso, pero seducen y embrujan como si fuesen de otro planeta.

ALEX DE LA IGLESIA. El presidente de la Academia se mueve entre bambalinas con naturalidad. Mira en las pantallas el primero de los dos Goya que recibirá su película a lo largo de la noche. “Que fuerte, nos hemos llevado uno”, dice Carlos Areces a su lado. Repasa su discurso, mientras Aitana Sánchez Gijón, predecesora en el cargo, espera a pocos metros qué se atreverá a decir el máximo representante de la institución en uno de los momentos más polémicos de los últimos años. Junto a ella Santi Millán, María Valverde y Adriana Ugarte escuchan en directo y a pocos metros del escenario las palabras del director.

BARDEM / BUENAFUENTE. Un actor canario y un showman catalán. Los protagonistas de la gala, con permiso del equipo de Pa Negre, lo fueron también del backstage, valga la abundancia de la ‘b’. El primero saluda a Federico Luppi con un “qué grande”; levanta la vista cada vez que oye el nombre de su gran amigo Luis Tosar, así como su mirada se torna en cómplice y embelesada cuando Penélope Cruz aparece en las pantallas de la parte de atrás del teatro. El presentador, por su parte, acompañado de su séquito televisivo y personal vive entre prisas los cambios de vestuario. Minutos antes de empezar se atreve a mirar al escenario desafiante y comenta “¿Algún desmayo?”

CANCIONES. La música en camerinos cobró protagonismo. En la sala de entregadores Najwa Nimri canta a Lola Dueñas en inglés y presume de su dominio de la lengua del otro lado del charco; dice que francamente le molesta que le pidan que cante en español. Inma Cuesta y Laura Pamplona, dúo de amigas en las tablas, no dejaron de hacer gorgoritos y calentar su voz para el que fue número estrella de la noche.

DOS. Grandes parejas de amantes, de amigos y de compañeros del sector pasean por los pasillos. La mayoría de ellos ni siquiera necesitan apellidos: Aitana e Imanol, Unax y Cayetana, Pilar y Asier, Rosa María y Juanjo, Andreu y Silvia. Aún así, la pareja estrella es la de los dos guardias de seguridad que vigilan la pieza de joyería de Bulgari que adorna la espalda de María Valverde.

ENSAYOS. Las grandes actrices que entregaron el premio al mejor actor no dejan de pasearse sobre bambalinas, a la vez que repiten su texto. Modos de caminar diferente: Ariadna, seductora; Sampietro, regia; Lola, tentadora, y López de Ayala, inocente. Bardem repasa continuamente su guión, aquella frase que puso a muchos los pelos de punta: “Por cosas como ésta merece la pena hacer cine”. Minutos antes, en el ensayo general, el actor suplente del intérprete de Biutiful dedicaba el galardón a su hijo Paquito.

FRANCESC COLOMER. En contraste con los nervios de Marina Comas, espléndido su personaje de la Núria, el niño entra tranquilo, pero alegre, con su Goya entre los brazos. Sonriendo como si fuese el día de su cumpleaños comentaba divertido que lo quería era ir al baño, llevaba mucho rato sentado y el tiempo pasa factura. Dice que está contento porque no ha llorado.

GUAPOS. Por los pasillos corre Unax Ugalde, en maquillaje está Asier Etxeandía, y Paco León se disculpa a la peluquera por darse él mismo el último retoque. Hugo Silva, Luís Tosar, Mario Casas. La lista no tiene fin y las chicas, y algún que otro chico, no daban crédito a sus propios ojos. Hablan entre ellos de tomarse una copa después, y claro que lo harían.

HUMO. Un técnico ambientaba el escenario continuamente con el humo. Los entregadores que esperan para entregar premios tienen dos opciones: la primera, asfixiarse con el humo; la segunda y más recurrida, añorar el anhelado tabaco que había salido del Teatro Real como de todos los lugares públicos.

IPHONE. La mejor compañía del presidente era su Iphone. Cuando lo agarra sus colegas corren ávidos, con temor o curiosidad, a comprobar qué dice el director en su amado Twitter. La magia de las redes sociales….

JIMMY JUMP. El saboteador profesional vive también su momento de gloria tras las cámaras. Sale arrastrado por tres guardias de seguridad y bajo las miradas de Santiago Segura, Ana Belén y Quim Gutierrez. La tensión se palpa, nadie comprende nada y las grandes estrellas del cine español se muestran perplejas. “Sos un imbecil” grita en catalán el presentador de la gala, que ve su trabajo empañado con la aparición del espontáneo.

KARRA. El primer premiado de la noche es recibido con aplausos del gremio, que aguarda tras el escenario. Se escuchan mensajes de ánimo y de alegría: “ya era hora, el chico se lo merece”.

LUZ. Cuando sólo quedan dos galardones por entregarse y se anuncia el premio al mejor director, las pantallas de la sala de prensa del Real funden a negro. Segundos después la iluminación se apaga dejando como únicos puntos de luz los portátiles de los periodistas. Muchos corren a la sala de fotógrafos para ver las entregas que coronarían la noche, otros siguen la retransmisión por Internet. Ahí no queda la cosa: con su Goya bajo el brazo Laia Marull está atrapada en un ascensor y se pierde la foto de familia de los premiados; Bardem y Buenafuente buscan un ascensor alternativo, mientras que con casi todos los galardonados presentes vuelven a quedarse a oscuras. Creen los gráficos que todo son golpes de efecto, pero no, seguro que el fantasma de la ópera tuvo algo que ver.

MAQUILLAJE. Hervidero de divertimentos y chascarrillos. Ana Belén y Carmen Machi representan dos formas y actitudes frente a nuestro cine, pero no por eso dejan de compartir confesiones frente al espejo. La actriz que popularizó su carrera con la serie de televisión Aida sale del set de L’ Oreal contoneando las caderas en su vestido negro de lentejuelas. “Siempre hay que menearse”, comenta entre risas como si desvelase la fórmula secreta de la seducción.

NOTARIO. Don Luis Rueda es siempre uno de los actores principales de esa película que podría rodarse en la parte de atrás del escenario. Apasionado del cine y sus estrellas asegura que jamás se jugaría su carrera desvelando los secretos que atesora. En la misma mesa y rodeados de “cabezones” Juan Luis Galiardo confiesa que lo que más le gustaría saber es qué premios se ganan por un puñado de votos. Habla el actor también de las filias y las fobias de los académicos, le hubiese encantado ser candidato finalista al mejor actor por Familia de Fernando León de Aranoa. Verónica Forqué también pasa a saludar; ella ya tiene cuatro, ¿querrá otro?

Ñ. Todo sabe a España entre bambalinas. Los pequeños bocadillos de jamón y tortillas de patata son la estrella del catering, unas espontáneas se arrancan por sevillanas, y mucho rojo en la vestimenta de las invitadas.

OLIVIA MOLINA. La actriz es, sin duda, una de las más simpáticas que espera para entregar premio, y una de las más nerviosas. “Parece que me van a entregar el Goya a mí”, la hija de Ángela Molina inspira y expira a grandes bocanadas para tranquilizarse.  Las responsables de vestuario repasan su vestido de lentejuelas a última hora, lo que no hace que se borre de su cara su espectacular sonrisa.

PREMIOS. Los galardones hacen su entrada en las traseras del escenario a las 19.40 horas. En cajas de cartón individuales, los “cabezones” se colocan encima de una mesa con tapete azul por orden de entrega. Desconoce Don Francisco, tal y como dijo Karra Elejalde, en qué casa vivirán a partir de ahora. El día después muchos montarán en el AVE con destino a Barcelona: los nueve galardones de Pa Negre; el de mejor documental a Bicicleta, cuchara, manzana; el que consiguió merecidamente el actor vasco por su papel de Cristobal Colón, el de Javier Mariscal por Chico y Rita…  emplazarán su nuevo domicilio en la ciudad de Gaudí y Ventura Pons.

QUEJAS. “Cuánto se queja la gente de lo que pesan los premios, anda y tira para adelante con el Goya. Yo no quiero uno, quiero dos” Lo dice Silvia Abril, pareja de Buenafuente y popular humorista. Se atreve a fotografiarse con uno de los galardones, siempre con permiso del señor notario. Una curiosidad al respecto: la escultura pesa tres kilos, pero hace veinticinco años había que hacer ejercicio para recogerlo: 7 kilos y un mecanismo que se accionaba con un botón, se dice pronto.

ROSSY DE PALMA. No dedicar una letra a las chicas Almodóvar, grandes protagonistas del cine español de los últimos años, sería un salto al vacío. Localización: sala de entregadores. Protagonistas: Loles León, Marisa Paredes y Verónica Forqué gritan desde una mesa y con una copa en la mano a quién fuese maniquí de alta costura en sus años mozos. Todas se alegran de verla, se nota que la complicidad no es de cartón piedra, son amigas y sus risas las delatan.

SENTIMIENTOS COMPARTIDOS. Fernando Guillén Cuervo dice a su hermana Cayetana: “lo mejor es salir al principio”; Aitana e Imanol entrelazan sus manos como dos enamorados. Lydia Bosch da las pautas a José Coronado, él dice que la seguirá en su camino al escenario; Maribel Verdú llega a saludar al actor efusivamente; la actriz madrileña saluda a Najwa que, a su vez, habla con Gonzalo Suárez. El cine es una fiesta entre amigos.

TERNURA. Los momentos más dulces se vivieron a la salida del escenario. Aitana Sánchez Gijón recibía con gestos cariñosos a Marina Comas; el primer abrazo de Mario Camus era para su hija y el segundo para el gran Juan Diego, que había seguido su discurso con devoción. “La Colmena debería verse todos los años”, palabras de María Barranco casi con lágrimas en los ojos mientras observa el vídeo homenaje al cineasta.

ÚNICOS. “La gala esta siendo única y fantástica”. Lo resumen estas palabras de Aitana. Algunos detalles: el maravilloso vestido de Elena Anaya, los tweets de Álex de la Iglesia, las fotografías del notario, el corrillo de Luppi, Sbaraglia y Bardem; la imagen de Marisa Paredes frente al espejo,…

VESTUARIO. Los secretos de alcoba que guarda el departamento de estilismo son muchos, pero algunos se descubren en los camerinos. María Valverde combina en momentos de cansancio la creación de su amiga Cindy Figueroa con unas botas ugg negras; Cayetana Guillén Cuervo se levanta su vestido de Óscar de la Renta sólo para enseñar que lleva las uñas pintadas de azul, y Najwa Nimri no deja nada a la imaginación con el encaje negro de Dolce & Gabbana.

WIKILEAKS. La organización internacional que ha sucumbido los cimientos de la política mundial también está presente  en la XXV edición de los Goya. Assumpta Serna se atreve a ser la más reivindicativa y posa en el photocall con un cartel que reza “Viva Wikileaks”.

XXL. Pocas tallas grandes se ven en los camerinos, la belleza que se percibe en pantalla tiene la misma dimensión en las distancias cortas. Grandiosos si que fueron los aplausos a los que se fueron, inmensos los gestos de cariño entre los compañeros del sector y amplios los proyectos de futuro para el cine español.

YAROVENKO. Si las chicas se muestran encantadas de que tanto chico guapo se pasee por los pasillos del Teatro Real, los chicos sólo se quedan con las ganas de ver entrar a una actriz entre bambalinas: Natasha Yarovenko. Ahora sí, con permiso de Elena Anaya, es una de las que acapara más miradas en el cóctel posterior. Sin duda alguna, las merecen.

ZAPATOS. En la sala de entregadores Juan Diego se descalza. Acaba de llegar de su paso por la alfombra roja y comenta la situación: “Nos hemos remojado de glamour, este año todo se ha vuelto diferente. Aún así percibo un fallo: la gente debería estar más cerca, me gusta tocar y sentir a las personas que han venido a vernos”.

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