Antonio Banderas y Eva Hache

El thriller de Enrique Urbizu consiguió seis premios, entre ellos el de mejor película, director y guión original. La piel que habito, cuatro, el mismo número que Blackthorn. Sin destino. Jose Coronado y Elena Anaya, los mejores actores del año.

Del ‘tres, dos, uno…¡acción!’ al ‘un, dos, tres: No habrá paz para los malvados’. Así desvelaron los directores Iciar Bollain, Agustí Villaronga y Carlos Saura que el Goya a la Mejor Película era para el octavo largometraje de Enrique Urbizu, un thriller protagonizado por un pérfido policía que convirtió sus 14 opciones a premio en seis estatuillas.

En la gran noche del cine español, No habrá paz para los malvados hizo doblete con el Goya a la Mejor Película y Mejor Dirección, reconocimientos a los que sumó el de mejor guión original –firmado por Michel Gaztambide y el propio Urbizu-, montaje –Pablo Blanco- y mejor interpretación masculina protagonista , que tuvo como destinatario a Jose Coronado, a quien meterse en la piel de Santos Trinidad le valió su primer cabezón.

25 años, uno menos que el Goya, le costó a Coronado estrenarse en recibir la estatuilla, pero el intérprete madrileño no fue el único que debutó en la gala de los premios a nuestra cinematografía, también lo hizo José Ignacio Wert como ministro de Educación, Cultura y Deportes, Enrique González Macho como presidente de la Academia de Cine, y Eva Hache como maestra de la ceremonia que acogió el Palacio Municipal de Congresos – Campo de las Naciones de Madrid, marco de una noche en el que nuestro cine dejó patente la creatividad y la capacidad creadora de sus profesionales que, solicitados en el extranjero y distinguidos en festivales internacionales, constituyen un exponente de la ‘marca España’.

Emoción, diversión e Internet

En su última convocatoria, los premios de referencia de nuestra cinematografía repitieron el éxito del año pasado en audiencia televisiva. Más de cuatro millones de espectadores estuvieron pendientes de todo lo que ocurrió durante cerca de tres horas, tiempo en el que, además de entregar 29 bustos del pintor al trabajo en equipo que hay detrás de las películas, se habló del cine español y de su acercamiento al público y se destacó el papel que juega la animación –Arrugas logró los dos premios a los que era finalista-. El público, tanto el del patio de butacas como el que estaba frente a la pantalla de La 1 de TVE, se divirtió con la intervención de Santiago Segura; se emocionó con las palabras de Silvia Abascal, recuperada del accidente cerebrovascular que sufrió hace unos meses; aplaudió el discurso de Kike Maíllo, que se alzó con tres Goyas con su apuesta por la ciencia ficción, Eva; y recordó a Baltasar Garzón a través de Isabel Coixet, directora y productora de Escuchando al juez Garzón, que recibió el Goya a la Mejor Película Documental.

En la velada también se escuchó por primera vez el discurso a tres voces de la presidencia de la Academia. Enrique González Macho y las vicepresidentas primera y segunda, Marta Etura y Judith Colell, declararon que la crisis se vencerá “si hay energía, inteligencia, trabajo, profesionalidad y reglas de juego claras” e hicieron un llamamiento “a la prudencia, a la lógica y a la potenciación de lo bueno ya existente sin abandonar las nuevas vías emergentes que probablemente marquen gran parte de nuestro futuro”. En sus palabras de bienvenida no se olvidaron de Internet, “que, desgraciadamente, todavía no es una alternativa ni sustituto, ni tan siquiera un complemento al enorme esfuerzo económico que supone producir cine”.

Seis propuestas distintas

Los números musicales, los monólogos y los sketches también tuvieron su espacio en la ceremonia, en la que se consolidó el cine de género con los Goya a Urbizu, Mateo Gil y Kike Maíllo, y seis historias muy distintas se repartieron los premios.

Los seis Goya de No habrá paz para los malvados, los cuatro de La piel que habito -mejor actriz, actor revelación, música original y maquillaje y peluquería- y de Blackthorn. Sin destino –fotografía, dirección artística, dirección de producción y diseño de vestuario-, los tres de La voz dormida –actriz de reparto, actriz revelación y canción original- y Eva –dirección novel, actor de reparto y efectos especiales- y los dos de Arrugas –mejor película de animación y mejor guión adaptado-. Con este último premio, se rompió el tabú de que las cintas de animación solo podían ganar en su categoría, como apuntaron sus responsables. El palmarés se completó con The Artist como mejor película europea y Un cuento chino como mejor película iberoamericana. Ricardo Darín, el protagonista de esta coproducción hispano-argentina, fue el encargado de anunciar este premio que recogió el productor español Gerardo Herrero, quien señaló la necesidad de una televisión pública de calidad “si no este país será de segunda división”.

A la velada faltó el Goya de Honor de esta edición: la cineasta cordobesa Josefina Molina, ausente por una gripe, envió unas palabras a favor de la labor de las mujeres en nuestra cinematografía. Se homenajeó a esta veterana profesional con el vídeo que se grabó en la fiesta de finalistas, donde el presidente de la Academia le entregó el galardón honorífico.

No fue éste el único tributo. El recuerdo de los que se fueron emocionó y arrancó los aplausos porque, aunque María Isbert, Amparo Muñoz, Antxon Eceiza y María Jesús Valdés, entre otros muchos, ya no están “seguís entre nosotros”.

Del primero al décimo

Las sensaciones de los ganadores no se hicieron esperar. El primero en subir al estrado fue Lluís Homar. Emocionado por su primer cabezón, el mejor actor de reparto por Eva se acordó en sus agradecimientos de todos, desde Montxo Armendáriz hasta de los auxiliares de todos los departamentos.

No hubo sorpresas en el galardón a la mejor actriz revelación, que también se estrenó en recoger Goyas por La voz dormida. La sevillana se lo dedicó a Benito Zambrano, a su familia, a su hermana cinematográfica, Inma Cuesta, a Pepita Patiño, la mujer en el que está inspirado su personaje, “y a todas las Pepitas del mundo por ser mujeres valientes, generosas, que han conseguido perdonar pero no olvidar”.

En su versión masculina, se llevó el Goya a casa Jan Cornet por su papel en La piel que habito. Tras agradecer a Pedro Almodóvar “el regalo que me ha hecho”, y a Antonio Banderas “por estar a mi lado en todo momento”, Cornet pronunció el nombre de Juan Carlos Corazza, “mi maestro”.

Muy contenido, Andrés Santana ganó el Goya a la Mejor Dirección de Producción por Blackthorn. Sin destino, y compartió el trofeo con todo el equipo “que tuvo que aguantar con oxígeno 4.000 metros de altura en el altiplano boliviano”.

Volvió a hace buena su condición de favorito el músico Alberto Iglesias, que ganó su décimo premio, todo un récord, por una película de Almodóvar, “la persona que me ha llevado a querer esta profesión”. El compositor podría ampliar su galería de reconocimientos con el Oscar, al que es candidato por la banda sonora de El topo.

Era una de las favoritas, y a la tercera fue la vencida. Ana Wagener se alzó con el Goya a mejor actriz de reparto por La voz dormida y se lo dedicó a “aquellos que se dedican a desenterrar memorias olvidadas y voces dormidas, a pesar de que tengan que pagar un precio alto por ello”.

Arrugas es la primera obra animada con dos goyas. Y Paco Roca, Premio Nacional de Cómic por la historieta homónima en la que se basa la película, celebró este especial momento luciendo traje –“no me lo ponía desde la Primera Comunión”-. Y Ángel de la Cruz, uno de los guionistas de esta animada cinta, se lo dedicó a dos hermanos que cuidan de su madre que, como los protagonistas de esta historia, sufre alzhéimer.

Su nombre aparecía en todas las quinielas. Kike Maíllo supo por su actriz, Marta Etura, “del abrazo de bienvenida” que dio la Academia “a un debutante como yo”. Su opera prima, Eva, conquistó tres estatuillas e hizo prometer a la niña de su película, Claudia Vega, que iba a estudiar. “Yo no sé si es mucho o poco, pero gracias a estudiar estoy hoy aquí. Primero en colegios públicos maravillosos, si públicos, y luego en la ESCAC, la escuela de cine en la que aprendí todo lo que sé de este negocio”, guiño que arrancó los aplausos de los presentes. Maíllo también le dijo a su abuelo que ahora “ganamos mundiales y hacemos películas de robots. A España ya no la conoce ni la madre que la parió”.

Reivindicativa, Isabel Coixet hubiera preferido no hacer el documental Escuchando al juez Garzón y que no se hubieran producido los tres procesos contra el magistrado. “A Garzón se le podrá apartar de la Justicia, pero nada ni nadie podrá apartar de la justicia a Garzón”, apostilló la cineasta, que no se olvidó de María Garzón, la hija del juez, cuando recogió el que es su cuarto Goya.

Se enfrentaba a Antonio Banderas, Luis Tosar y Daniel Brühl y, aunque su corazón le decía que quería oír su nombre, su cerebro pensaba en “Antonio y Luis”. Jose Coronado se emocionó tanto cuando supo que era el mejor actor “que se me ha saltado el botón del esmoquin”. Dijo que iba a dormir con el Goya que le habían dado por encarnar a Santos Trinidad.

De Almodóvar a Picasso

Y Banderas, siempre generoso con sus colegas, aplaudió calurosamente la elección de Coronado. “Sabía que no iba a ganar. He estado supertranquilo”, declaró el internacional malagueño, que no asistía a la gala de los Goya desde 2005. “La Academia no está en deuda conmigo. He sido cuatro veces finalista a los premios y tengo la Medalla de Oro. Yo le debo a la Academia, de la que todos formamos parte”, apostilló el conocido actor, director y productor, que en septiembre dará vida a su compatriota Pablo Picasso a las órdenes de Carlos Saura.

Elena Anaya no se separaba de su Goya a la mejor actriz, galardón en el que se impuso a Verónica Echegui, Inma Cuesta y Salma Hayek, que se sabía “perdedora, pero encantada de estar junto a estas tres actrices”.

No quiso que los nervios le jugaran una mala pasada, por lo que sacó la chuleta. La palentina se acordó de sus compañeros de reparto -“sabía que eráis unos pedazo de actores, pero aún no sabía que fuerais excelentes compañeros y personas”-; de su madre – “me enseñaste que la magia existe y mira la que has liado”-, de su padre –“estoy segura de que lo estará viendo con prismáticos desde algún sitio”- y, por supuesto, de Pedro Almodóvar. “He crecido con tus películas, me quedaba enganchada viendo tus personajes. Este personaje ha sido cumplir un sueño y tú lo has hecho realidad”.

Y Almodóvar, que cantó en el número musical con el que comenzó la gala, aplaudió a Anaya, una de las actrices “sufridoras” de la noche. A los actores les tocó el papel de “malos”. Palabra de Eva Hache.

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