Genuinas, únicas, noveles

Entrevistamos a las cuatro intérpretes nominadas a los Premios Goya 2016 en la categoría de Mejor Actriz Revelación

El descubrimiento femenino cinematográfico del año no entiende de edades ni de nacionalidades. Antonia Guzmán (A cambio de nada) se embarcó en la ópera prima de su nieto y se convierte ahora en la actriz de más edad nominada en la historia de los Goya; Iraia Elias (Amama) ha dado con el filme de Asier Altuna el salto al panorama fílmico ­nacional; Yordanka Ariosa (El Rey de La Habana), azarosamente, saltó de los teatros cubanos a prota­gonizar una producción internacional que le ha valido la Concha de Plata; e Irene Escolar, que interpreta en Un otoño sin Berlín el primer papel que le parece digno de reconocimiento. Cuatro actrices, únicas en el genio, disputándose la revelación.

Antonia Guzmán | A cambio de nada

Antonia Guzmán - cambio de nada. Rodaje

La confianza de una abuela todoterreno

Por Juan MG Morán

“Muy bien, gracias a Dios” es el estado de ánimo de Antonia Guzmán, costurera jubilada reconvertida en intérprete gracias al empeño de su “queridísimo” nieto Daniel Guzmán. A sus 93 años, genio y figura, opta a convertirse en la Mejor Actriz Revelación del año y no necesita esperar al 6 de febrero para colgarse ya una medalla: es la intérprete más longeva que ha optado a premio en la historia de estos galardones. La estrella de Antonia ya no es patrimonio exclusivo de Candeleda, su pueblo natal en el que “de soltera” se dedicaba “a las tareas del campo”. No sabía aún que la vida le tenía preparada en su vejez alguna que otra sorpresa.

En los continuos viajes que Antonia ha hecho del pueblo a Madrid, ha vivido junto a su nieto los momentos clave de su trayectoria. Estuvo con él butaca con butaca el día que ganó el Goya al Mejor Cortometraje de Ficción, situación que se repetirá en las próximas semanas, pero también en el duro camino que precedió el rodaje de A cambio de nada –“le decía que siempre hay que poner los pies en el suelo, aceptar las circunstancias como son, porque al final la vida te recompensa”–.

Justo cuando Guzmán estaba escribiendo la película, “él me comentaba que me había escrito un papel y yo le decía que se dejase de tonterías porque yo no quería saber nada de esas cosas. No me quedó más remedio que decir que sí, sabía que no saldría mal porque él siempre ha tenido toda mi confianza”. Aunque pasaron varios años, se vio de repente inmersa en el rodaje, donde lo pasó “muy bien, porque todo el mundo estaba pendiente de mí: como soy tan mayor, todos los jóvenes me hacían caso. Para enterarme mejor me levantaba temprano y me estudiaba mi papel y el del otro”.

Tras el triunfo de la película en Málaga, vivió ilusionada el estreno y, ahora, las nominaciones a los distintos galardones de la película de su nieto, porque vienen a premiar “una dura lucha”. En cuanto al Goya a la Mejor Actriz Revelación cree que “no lo voy a ganar, porque anda que no hay actrices buenas. Si ocurriese se lo dedicaría a mis nietos y a mis hijos, pero sobre todo a Daniel, que ha peleado mucho por llegar hasta aquí”. Asegura que no trabajaría con otro director porque “soy muy mayor y, a pesar de que con 93 años estoy muy bien, ya las cosas me van costando bastante. Si mi nieto me escribe un papel y estoy como ahora lo haré, pero a la edad que tengo lo que toca es más bajar que subir”.

Iraia Elias | Amama

AMAMA - Iraia Elias 2

Descubrir el cine y redescubrirse a sí misma

Por María Gil

Venía de un ámbito muy diferente, el teatro independiente, pero Iraia Elias no dejó pasar la oportunidad de descubrir la magia del cine a través de la mirada de Asier Altuna. “Para decir sí a este proyecto influyeron muchas cosas, primeramente descubrir el cine, que para mí era un mundo que estaba allí, pero que en principio no me producía ningún interés especial. Te dan la oportunidad y, aunque te da miedo porque vienes de otro mundo, tienes ganas de hacerlo”, confiesa la intérprete, que aspira al Goya a Mejor Actriz Revelación por su papel de Amaia.

También fueron determinantes el personaje y el director. “Asier tiene una mirada especial y que me interesa mucho”, confiesa. Y de atreverse a decir sí… a los Goya. El día de las nominaciones le empezaron a llegar mensajes y no fue hasta que habló con la productora, Txintxua Films, cuando tomó conciencia de lo que había pasado. “Yo pensaba que la fase Amama ya se había acabado. Hay un montón de gente que ha hecho muy buen trabajo en la cinta así que, en cierta manera, digo ¿qué hago yo aquí?”, revela Elias ante el hecho de que la única nominación para la cinta sea la suya. “A través de mí quedan reconocidos todos”, defiende. El tercer largometraje del realizador vasco no solo le ha permitido sumergirse en el séptimo arte –desde el guión hasta la promoción, pasando por el estreno en San Sebastián y ahora los Goya –, sino también en sí misma. “Ha sido muy bonito redescubrirme en otro código, en otro modo más íntimo. He conocido cosas de mí que hasta ahora no conocía”, asegura. Altuna la descubrió en la obra Zertarako hegoak y le ofreció a un personaje que encarna el choque con la concepción del mundo de sus antepasados y las tradiciones del caserío. “Al final en todas las casas hay choques generacionales, en todas las sociedades. Siempre te sientes incomprendida”, resalta sobre la universalidad del conflicto que plantea el filme.

Y sobre la mesa, una reivindicación: que no se hable de cine vasco como si fuera algo ajeno y pintoresco.“Cuando decimos cine vasco parece que estemos hablando de otra cosa. Nosotros hacemos cine de calidad. Lo que pasa es que la gente ha empezado ahora a darse cuenta”, apunta la actriz, que no descarta volverse a dejar seducir por la gran pantalla, aunque “todo depende de los proyectos”.

Yordanka Ariosa | El Rey de La Habana

YORDANKA ARIOSA 3- El rey de la Habana

Sangre azul sobre La Habana

Por Enrique F. Aparicio

Sucia, peligrosa y hostil. La Cuba del llamado Periodo Especial que recrea El Rey de la Habana, de Agustí Villaronga, es una trampa. Un laberinto de ratas, pasión, escombros y deseo que Magda, a la que da cuerpo y voz Yordanka Ariosa, recorre con pericia de minotauro, sorteando los peligros que parecen acechar a la vuelta de cualquier esquina. La Concha de Plata a la Mejor Actriz del pasado Festival de San Sebastián la avala. “Aún me despierto y me pregunto si realmente tengo la Concha, entonces la miro y me digo: no es un sueño”. Un sueño para una actriz por un personaje que vive una continua pesadilla.

Conseguir el papel no le resultó fácil. “Fue a través de mi manager y amigo Jazz Vilá. Él nunca me había visto actuar y apenas habíamos coincidido, pero un buen día me vio y me dijo, ‘hay un director español que va a rodar la película del libro El Rey de La Habana de Pedro Juan Gutiérrez, y hay un personaje que se llama Magda: eres tú’”. Un año más tarde el director catalán viajó hasta Cuba y lo que vio en Ariosa no le gustó de entrada, pero acabó conquistándolo. “Así comenzó esta aventura que daría para otra película”, relata la actriz, que encaraba su proyecto más complejo. “Básicamente había hecho teatro, así que saltar a una producción internacional, con un director como Agustí, sumando secuencias de desnudo con un niño que jamás había actuado y al que no conocí hasta cuatro días antes de comenzar… Puedo seguir (risas)”.

A partir del sí de Villaronga, comenzó un “proceso de investigación muy amplio porque durante la época en la que transcurre la historia, conocida en Cuba como el Periodo Especial, yo era una adolescente y no vivía en La Habana. Me ayudó mucho la propia literatura de Pedro Juan”. Desde el relato de Gutiérrez, la intérprete construyó a una mujer libre pero de metas erráticas, esperpéntica pero cercana. “Siempre recuerdo del proceso la secuencia donde Magda es poseída por un espíritu. Aunque fuera ficción, quería lograr la mayor veracidad por su implicación religiosa para el público cubano”, explica Ariosa.

¿Hay algo de ella en Magda? “Ambas luchamos por sobrevivir en una Cuba que ahora, como en los noventa, está en plena transformación. El Rey de La Habana no es un retrato, sino el marco para que los espectadores descubran la ciudad como otro personaje que se reinventa. Por lo demás somos bien distintas. Yo soy bastante tímida, recogida. Necesito la adrenalina del teatro para sentir la libertad y transformarme”.

Irene Escolar | Un otoño sin Berlín

Irene Escolar- Un otoño sin Berlín

Caminando por el filo de una navaja

Por Juan MG Morán

Ya no es la joven promesa que fue, ni la niña actriz que bailaba al son de ‘Una rosa es una rosa’ en una película de Saura. Irene Escolar siente que algo se ha abierto en ella, “como si me hubiese hecho una raja y hubiese perdido el miedo a hacer, a ver y probar conmigo misma”. No piensa olvidar 2015 porque se ha enfrentado a dos proyectos (Un otoño sin Berlín y El público), “quizá por primera vez de forma madura, no hechos desde la niña sino desde una mujer consciente”. Una mujer que se dedica a esto con verdad y de verdad.

Pero la niña también ensayó, hace un par de décadas, con una botella de champú imaginando alzarse con un Goya. Ahora está más cerca de ello, pero no está nerviosa porque “cuando uno no espera nada todo es más sorprendente. A mí se me salía el corazón cuando mi padre estaba nominado (tiene cuatro galardones), por eso quiero disfrutar lo que pase al máximo, lo especial también hay que saber vivirlo”. Ha llegado hasta aquí por su participación en Un otoño sin Berlín, de Lara Izagirre, “joven y con tantas ganas como yo, sabíamos que había que morder muy fuerte para sacar todo el jugo”. Y así lo hicieron, de tal forma que la película consiguió mención al trabajo de Irene en el Festival de San Sebastián y la nominación a Mejor Actriz Revelación, calificativo con el que no se lleva mal puesto que hasta ahora no había podido estar orgullosa de un papel en pantalla grande.

Es la trasmutación en otros lo que no le pierde en la vida a Irene Escolar, el encarnar, en cuerpo y alma, otras vidas, y lo que le da hoy la serenidad suficiente para ser, en toda la acepción del término, la mujer calmada en la que se ha convertido. El resto la desubica, “cómo saber llevar que haya más exposición mediática, porque eso es algo que está más descontrolado y que no siento como parte de mi trabajo, en eso siento que puedo aportar menos”.

Considera que hay muchas intérpretes de su quinta con talento a raudales, “no es falsa modestia decir que no me parece justo que se me califique como la mejor actriz de mi generación”. Este oficio le da una razón para despertarse cada día, “algo que creo no le ocurre a todo el mundo” y no imagina otra felicidad dentro de 20 años que pudiendo aceptar proyectos del calibre de los asumidos en el pasado año. Por ahora, ha comprado los derechos de una obra en la que irá de la mano con Carlota Ferrer –“el teatro es más factible de sacar adelante por uno mismo, el cine ocurre cuando otros quieren”–. Seguirá, seguro, entregada a una profesión en la que considera que uno “no puede pasar por encima de las cosas, o entra a fondo o es mejor dedicarse a otra historia. No hay que dejar de estar nunca en el borde de lo peligroso”, dice la actriz que parece interpretar caminando por el filo de una navaja.

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