LOS GOYAS TÉCNICOS

Sylvie Imbert, Paco Rodríguez H. y Pablo Perona, Mejor Maquillaje y Peluquería. Foto: Marino Scandurra

Sylvie Imbert, Paco Rodríguez H. y Pablo Perona, Mejor Maquillaje y Peluquería. Foto: Marino Scandurra

Los goyas técnicos han premiado este año la acción y la investigación: bombas, tiros o furgonetas que giran sobre sí mismas y vuelan por los aires en Anacleto: agente secreto; vertiginosas persecuciones y carreras en coche por las calles de A Coruña, en El desconocido; meses de investigación, documentación y localización de escenarios naturales para rodar en el Polo Norte, reproducir las ancestrales culturas inuit y bubi o recrear las costumbres de las plantaciones de cacao en Guinea en Nadie quiere la noche y Palmeras en la nieve; y bucear en un texto tan relevante de nuestra literatura como Bodas de sangre, para plasmar la poesía de Federico García Lorca en La novia. Los equipos de estas cuatro películas han recreado situaciones extremas con total realismo, trabajo que ha sido apoyado por los académicos con los goyas a los Mejores Efectos Especiales (Anacleto: agente secreto); Mejor Montaje y Mejor Sonido (El desconocido); Mejor Dirección de Producción, Mejor Vestuario y Mejor Maquillaje y Peluquería (Nadie quiere la noche); Mejor Dirección Artística (Palmeras en la nieve) y Mejor Fotografía (La novia).

Por Mónica Tourón

El viaje de Josephine Peary por el Polo Norte a principios del siglo pasado, que describe Isabel Coixet en Nadie quiere la noche, ha acumulado tres de los ocho premios técnicos. Andrés Santana y Marta Miró, ganadores del Goya a la Mejor Dirección de Producción, califican el rodaje como “muy duro”, debido “al enorme frío que hacía y por las propias características de Nadie quiere la noche. Es una producción muy cuidada, con ese sello de Andrés Santana de proteger muchísimo sus producciones”.

Andrés Santana incide en la dificultad de Nadie quiere la noche, algo que sabía desde que leyó el guión. “Todo surgió cuando Miguel Barros me envió un guión. Me dijo era muy caro y muy complicado de hacer. Lo leí del tirón y pensé que era uno de los más maravillosos y sorprendentes que había visto en los últimos años. Le llamé y le dije que quería producirlo, costara lo que costara. Pensamos que Isabel Coixet era la persona ideal para dirigirlo; se lo mandamos y le entusiasmó. Ha sido una de las películas más complicadas que he hecho como productor, al menos financieramente; en producción al principio daba la sensación de que era difícil, pero el estupendo equipo que teníamos lo hizo fácil”.

Más de 300 personas formaron el equipo técnico y artístico de esta historia, que se rodó durante ocho semanas y media en Noruega, Bulgaria y Santa Cruz de Tenerife. Las escenas que transcurrían en el Polo Norte tuvieron como escenario natural la localidad noruega de Finse, donde el equipo debió soportar unas durísimas condiciones de trabajo, con temperaturas de 14 grados bajo cero y gélidas ventiscas, y para los interiores se construyeron decorados en los estudios Nu Boyana de Sofía (Bulgaria) y en el Plató del Atlántico de Santa Cruz de Tenerife.

Marta Miró y Andrés Santana, Mejor Dirección de Producción. Foto: ©Enrique Cidoncha

Marta Miró y Andrés Santana, Mejor Dirección de Producción por Nadie quiere la noche. Foto: ©Enrique Cidoncha

Caracterización extrema

El frío polar condicionó también el trabajo de los ganadores del Goya al Mejor Maquillaje y Peluquería, Sylvie Imbert, Paco Rodríguez H. y Pablo Perona, quienes tuvieron que diseñar la evolución de unos personajes sometidos a un enorme desgaste físico.

Según Sylvie Imbert, “todo ha sido difícil, pero muy gratificante. Realizamos un gran trabajo de caracterización, que conllevó múltiples aspectos del maquillaje y cientos de detalles, que afortunadamente estaban estupendamente bien descritos en el guión de Miguel Barros. Creo que ha sido el maquillaje más difícil de mi carrera, porque refleja a unos personajes en constante evolución, que se ven envueltos en un proceso de degradación, desgaste, agotamiento y enfermedad en unas condiciones climáticas extremas”.

Los ganadores del Goya al Mejor Maquillaje y Peluquería tuvieron que estudiar e investigar aspectos de la cultura inuit para llevar a cabo una perfecta caracterización, tarea en la que contaron con Francesc Baillón, experto en cultura groenlandesa. Por ejemplo, reprodujeron tatuajes de la etnia inuit y utilizaron brackets para convertir la perfecta dentadura de Rinko Kikuchi en los dientes amarillos e imperfectos de un esquimal acostumbrado a masticar pieles.

Paco Rodríguez fue el encargado del diseño de peluquería, que realizó pelucas, postizos y complementos. Para las pruebas de peluquería y caracterización el equipo recibió a Juliette Binoche en Madrid, mientras que Gabriel Byrne probó los bigotes, cejas, barba y pelo de su caracterización en Bergen (Noruega). Para definir el personaje de Rinko Kikuchi, el equipo se desplazó a Barcelona, donde se realizó un molde de su cuerpo para fabricar prótesis que simularan el embarazo del personaje. Algo parecido al trabajo con Ben Temple para dar vida a Frand, personaje que pierde los dedos de la mano por congelación.

El propio Pablo Perona explicó a ACADEMIA cómo “las prótesis de embarazada de Allaka supusieron un gran reto a nivel técnico y artístico. Hubo que hacer piezas de silicona translúcida realistas y muy grandes, que le cubrían el torso desde el cuello hasta el pubis y estaban pensadas para poder ver al personaje completamente desnudo, si hubiera sido necesario. Integrar la prótesis con la piel de la actriz de manera natural y ­realista requería cuatro horas de maquillaje. Una de las prótesis, además, contaba con un mecanismo para dar de mamar a un bebé a través del pezón”.

El reto para Sylvie Imbert fue ir reflejando en los personajes distintas fases del deterioro que suponía el épico viaje por el Polo Norte con los escasos medios con los que se contaba en 1900. “Era la primera vez que me enfrentaba a una película de caracterización extrema. Opté por curtir la piel de Juliette Binoche desde los exteriores y marcarle zonas rosáceas de frío. Además tenía que helar su nariz, sus pestañas, cortar sus labios y después ver como le salían heridas en la piel y como se le caían los dientes, como le sangraban las encías y la nariz, como le salían alergias y marcas en las piernas, pero a la vez tenía que ser sutil. Y, avanzada la falta de víveres, ahuecar sus ojeras, tornarlas enfermizas, dejar sus ojos vidriosos, ahondar sus mejillas…”.

Convertir a Rinko Kikuchi en Allaka también fue un proceso similar: “empezaba la película con un rostro más redondo que luego había que adelgazar, llevaba tatuajes en la barbilla, manos, antebrazos y piernas, que se veían cuando la descubrimos embarazada”, explica Imbert, quien también tuvo que simular escarcha y congelación en los personajes de Gabriel Byrne y Ben Temple.

Si en el caso del maquillaje y peluquería el equipo de Imbert tuvo que dedicar parte de su trabajo inicial a la investigación y documentación de la cultura inuit y de la vida en condiciones extremas, en el caso del vestuario ese trabajo se extendió a los materiales, tejidos y pieles para diseñar y confeccionar las prendas de los personajes. Este trabajo previo y su posterior realización le han valido a Clara Bilbao el Goya el Mejor Diseño de Vestuario.

La diseñadora ha tenido que reflejar dos mundos opuestos: el de Occidente, con Juliette Binoche, y el de los inuits en el Polo Norte. “El vestuario de Juliette lo confeccionamos como si se hubiera hecho a principios de siglo, con las prendas más adecuadas para un frío horroroso, con mucha piel… El punto de partida son las pieles que se usaban entonces en Occidente, pero también las que en aquella época usaban los inuits”.

La cultura inuit usaba pieles de foca, oso polar o zorro ártico. Clara Bilbao asegura que “nosotros ni podíamos ni queríamos trabajar con estas pieles. Es una película y para eso está la imaginación, para conseguir contar lo que sería la indumentaria inuit a través de métodos que nos hemos inventado de engrasado, aceitado, teñido, afeitado o planchado de otras pieles. Hemos usado cabra, conejo, cordero… Hemos aprendido muchas cosas para tunear pieles, y han dado muy buen resultado. Estudiamos también las técnicas ancestrales de los inuits, y para coser las pieles usamos hilo dental, lo más parecido a los tendones de caribú que usan ellos. Y a través de este proceso hemos llegado a reflejar las pieles originales de los inuits”.

Antón Laguna, Mejor Dirección Artística. Foto: ©Alberto Ortega

Antón Laguna, Mejor Dirección Artística por Palmeras en la nieve. Foto: ©Alberto Ortega

Recreación de cacaotales en Guinea

Si el viaje de Josephine Peary en Nadie quiere la noche llevó al equipo de Isabel Coixet a investigar en la cultura inuit, para el rodaje de Palmeras en la nieve, el equipo de Fernando González Molina se sumergió en la historia de la antigua colonia española de Fernando Poo, en Guinea Ecuatorial, y en las costumbres de la etnia bubi. Este trabajo ha sido reconocido con el Goya a la Mejor Dirección Artística, otorgado a Antón Laguna.
Como él mismo relata, “esta película ha sido uno de los mayores retos a los que me he enfrentado; ha sido una película muy complicada, costó mucho trabajo y tiempo diseñarla y hacerla. Cuando leí el guión me imaginé una historia colorista con selvas, montañas, mares, paisajes exuberantes…”.

El equipo de Antón Laguna realizó un exhaustivo trabajo de localización y documentación para recrear la isla de Fernando Poo, actualmente Bioko, en dos épocas diferentes de su historia. “Construimos un escenario principal en Canarias, y los exteriores selváticos, las playas vírgenes y los cacaotales los rodamos en Colombia”. Así se recreó el ambiente de calles y pueblos de Guinea que actualmente no existen. Además, se estudió la cultura bubi a fondo, desde cómo se ponían sus pinturas, cómo invocaban a sus espíritus, sus costumbres… “Para la construcción del poblado se levantaron seis tipos de cabañas diferentes y se construyeron lanzas, bancos de troncos, cestos”, explica Laguna, quien también recuerda el “trabajo de documentación para recrear la vida en la plantación de cacao”.

Migue Amoedo, Mejor Dirección de Fotografía. Foto: ©Alberto Ortega

Migue Amoedo, Mejor Dirección de Fotografía por La novia. Foto: ©Alberto Ortega

Otro trabajo, no tanto de investigación y documentación, pero sí de “bucear” y “empaparse” de una historia para llevarla a la gran pantalla es el que ha hecho a Migue Amoedo ganador del Goya a la Mejor Fotografía, por La novia. Enfrentarse a un clásico de la literatura, y en concreto a una poesía con gran carga icónica como la de Federico García Lorca, era, para el premiado, un enorme reto y una gran responsabilidad. “Cuando Paula Ortiz me planteó la fotografía de una película basada en Bodas de sangre me quería morir… Trasladar a la fotografía algo que está en el imaginario colectivo, unos versos tan conocidos como los de García Lorca, era una responsabilidad y no podía fallar. Sentía el peso de la cultura española y de la literatura universal. La forma más fácil fue pensar en Federico, intentar ser fiel a su voz y dejarme la piel”.

“Una de las cosas que más nos preocupa siempre es que la imagen tal y como la diseñamos y concebimos llegue al espectador. Por ejemplo, el simbolismo de Lorca en relación a los colores era muy importante, y eso contribuyó a trasladar los versos a imágenes y que la gente entendiese cuáles son los sentimientos que están más ocultos en los personajes”.

Igual que en Nadie quiere la noche y Palmeras en la nieve, La novia trasladó a su equipo de profesionales a escenarios naturales fuera de España. Además de Los Monegros, los paisajes de Capadocia (Turquía) son los escenarios naturales de la película, cuyo rodaje por las propias condiciones de ambos sitios fue duro. El equipo soportó un enorme calor y un viento muy fuerte. Amoedo asegura que “ese paisaje hay que entenderlo, ese viento, ese sol… El cierzo es tan cruel que el que aguanta un poquito se lleva grandes planos”.

A los tres goyas técnicos que completan la lista de premiados en la 30 edición les une la acción. Las dos películas galardonadas en las categorías de Montaje, Sonido y Efectos Especiales, El desconocido –los dos primeros– y Anacleto: agente secreto –el tercero– centran parte de su argumento en persecuciones y carreras vertiginosas en coche, explosiones, tiros y vehículos por los aires.

Precisamente la acción, el hecho de transcurrir todo en torno a un coche en marcha, que no permite la clásica situación de un microfonista que controle el micro para seguir a los actores y personajes en off apareciendo a través del teléfono, fueron los factores que dificultaron el trabajo del equipo de sonido de la ópera prima de Dani de la Torre, El desconocido. Esa dificultad ha sido valorada por los académicos para conceder el Goya al Mejor Sonido a David Machado, Jaime Fernández y Nacho Arenas.

Los premiados crearon un sistema de micrófonos escondidos en los actores y en puntos estratégicos de los coches para recoger toda la acción, con explosiones, sirenas, helicópteros y la propia ciudad como escenario. Para articular toda esta complejidad, tal y como explica David Machado, “fue muy importante el trabajo de posproducción porque, aunque el sonido directo fue casi todo válido, esa validez se la dio definitivamente la postproducción”.

Fueron 14 semanas de trabajo en las que no solo el sonido directo de las carreras de coches o persecuciones condicionó el trabajo del equipo de sonido. A ello hay que añadir los diálogos. “La clave era sostener la tensión, con la dificultad que suponía combinar a la vez el sonido directo, los diálogos y los efectos, manteniendo la calidad del sonido, para entender los diálogos de los actores, ya que aún siendo una película de acción es también una película de diálogos entrecruzados que discurren entre las escenas de acción”.

Justamente el personaje que centra esos diálogos y da título a la película, ‘el desconocido’, casi no aparece en pantalla. Se podría decir que es un “personaje sonoro”, al que el equipo de sonido dedicó parte de su diseño. Nacho Arenas, responsable de posproducción, destaca la dificultad de ese trabajo. “Este personaje prácticamente se ha creado en la sala de doblaje, donde Javier Gutiérrez hizo un trabajo de voz inigualable. Quizá lo más difícil fue darle la sonoridad adecuada, que no pareciera tenebroso, pero con la presencia y la fuerza precisa, y que tuviera una interacción perfecta con el personaje de Luis Tosar, porque la mayor tensión de la película se produce entre él y la voz telefónica”.

Gestionar esta tensión emocional entre los dos personajes principales y las escenas de acción es, para el responsable del montaje del filme, Jorge Coira, “uno de los grandes méritos de Dani de la Torre. La película parece un thriller de acción, pero en el fondo no tiene mucha acción. Lo importante no está ahí, en la acción, lo importante es lo que les pasa a los personajes. Lo importante y lo que te engancha de verdad es que vives con los personajes ese conflicto, ese momento terrible por el que están pasando. Ese equilibrio Dani lo consigue estupendamente bien”. Y recrear ese equilibrio es lo que le ha valido a Coira el Goya a Mejor Montaje.

El montaje de El desconocido se llevó a cabo en Santiago de Compostela, donde Dani de la Torre y Jorge Coira trabajaron mano a mano 16 semanas, todos los días, ocho horas al día. En palabras del responsable de montaje, “mereció la pena por muchas cosas, además de por el Goya; por poder hacer una película así, por poder trabajar con Dani de la Torre, que es una gozada y lo pasamos muy bien trabajando juntos, y porque la película guste y funcione, como así parece que ha sido”.

Jorge Coira, Mejor Montaje por El desconocido. Foto: ©Alberto Ortega

Jorge Coira, Mejor Montaje por El desconocido. Foto: ©Alberto Ortega

Realismo para explosiones ficticias

El Goya a los Mejores Efectos Especiales completa la relación de las categorías técnicas. Los efectos creados por Lluís Rivera y Lluís Castells para Anacleto: agente secreto han sido merecedores del Goya de esta 30 edición. Trasladar la acción y los gags de los geniales personajes de Manuel Vázquez y que resultasen creíbles fue el reto al que se enfrentaron los premiados. Según Rivera, “lo más difícil era lograr que todas las explosiones parecieran ­reales, que respondieran a cuestiones físicas”, igual que los giros o acciones más “disparatadas” con coches, luchas de los protagonistas o disparos.

El responsable de efectos físicos recuerda la secuencia del rescate de Anacleto como de las más complicadas del rodaje: “Javier Ruiz Caldera quería que la furgoneta diera una vuelta completa hacia delante y cayera en un sitio exacto. Nosotros insistimos y estudiamos en detalle la física de ese efecto para que todo saliese con la espectacularidad que buscábamos, pero también con ­realismo”.

Por su parte, el encargado de la posproducción de los efectos especiales, Lluís Castells, recuerda que “la película tiene alrededor de 350 planos con efectos visuales; no es una barbaridad, porque por ejemplo en Eva había en torno a 700 planos con efectos, pero eso no quiere decir que Anacleto no haya sido un auténtico reto, son muchos efectos. Nuestra principal tarea en posproducción fue apoyar los efectos físicos realizados en rodaje, que ya eran increíblemente buenos”.

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