“Mientras una vive, lucha”

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO/ Luisa Gavasa por La novia

©Enrique Cidoncha

©Enrique Cidoncha

Por Consuelo Trujillo

Nuestro primer encuentro fue en la primera lectura de guión de La novia en la Residencia de Estudiantes… ¡qué lugar para iniciar un proyecto con Federico! Presentes casi todo el elenco de La Novia y Paula, Javi, Álex…
Estábamos felices, nerviosas. Ya sabíamos lo que teníamos por delante y nos sentíamos afortunadas. En esa lectura empezamos a mostrarnos, y ahí sentí a Luisa y sentí a su madre, la madre que había escrito Federico. A mí me latía todo, yo había interpretado a la madre en teatro y dentro de mí había un mar de emociones. Luisa, humana y compañera, se me acercó a decirme que sabía que yo había hecho su personaje y a pedirme ayuda. Me llegó al corazón su gesto, aunque yo sabía que ella ya estaba en su viaje personal con la madre y yo en el mío con la criada… Y así tenía que ser, y así fue.

Desde el principio hubo entre nosotras mucha risa, mucha complicidad, la emoción vibrante que nos producía la intuición de estar ante algo muy grande que no queríamos perdernos. Nos unió siempre ese deseo de vivir cada momento de La novia como si fuera el último, pura vida, pura intensidad, pura alegría, ­como niñas que celebran una amistad, una aventura emocionante, algo que se sabe inolvidable.

Durante el rodaje, Ana Fernández, Luisa y yo hicimos pandilla, por edad, por experiencia, por casualidades cósmicas y por qué sé yo. El caso es que al final de la jornada, cuando coinci­díamos, cenábamos juntas en El Foro y siempre había motivo para brindar con “Ramón Bilbao”. Algunos días se sumaba Carlos Álvarez-Nóvoa, incluso alguna noche se dejó caer María Alfonsa. Recordar esos momentos me abre el corazón; la presencia de Carlos, que ejercía de caballero divertido y misterioso, como era él, y Ana, Luisa y yo compartiendo con la ilusión de quien está enamorado… Esa era la palabra, estábamos enamoradas de Lorca, de La novia, de nuestros personajes, de los Monegros, del Cierzo que azotaba fuerte y que tantos trasiegos y anécdotas nos trajo, enamoradas de hacer cine en momentos tan duros para nuestro arte. Enamoradas y agradecidas.

Y Luisa era la más… Es la más, la más comprometida con la película, generosa, buena compañera, divertida, y lo digo de verdad, así es Luisa y así lo fue cuando la conocí en La novia.
Su aproximación al personaje de la madre lo sentí totalmente visceral e intuitivo. Ella no sabía muy bien lo que estaba haciendo y me lo comentaba en las esperas, que fueron muchas, pero se dejaba ir, tenía una confianza ciega en Paula, y eso para una actriz es maravilloso, tener una capacidad de entrega absoluta a la directora. Luisa ama a Paula, tiene un vínculo muy fuerte con ella y eso está en su trabajo… Y Paula la guiaba con afecto, paciencia y confianza. ¡Había algo tan bonito entre ellas, tan fuerte, que no necesitaban palabras! Me gustaba observarlo, estar cerca para que me llegara a mí también algo de aquella energía tan luminosa, tan cálida, tan creativa, tan de mujeres… Paula decía “esta es una peli de mujeres”, y es verdad, porque el universo femenino en Federico siempre es lo primordial, y Paula esto lo captó de una manera muy profunda, con perdón de Asier, de Álex, de Carlos y de todos los hombres de la película.

Pero es que ellos han estado allí aportando su masculinidad como fondo del cuadro para que se resalte la figura de lo femenino, de Inma, nuestra ‘novia’, y del círculo de mujeres que la completábamos. Y emergiendo del fondo del cuadro, la figura de la madre con una rudeza y rigidez más propia de un hombre pero, ¡qué inteligencia la de Federico!, encarnada en una mujer, y es que de ese dolor sabemos las mujeres… Ahí estaba Luisa con su carácter mañico, su frescura, su espíritu dionisiaco, dándose, derramándose, dejándose guiar a ciegas, sin ninguna interferencia, asumiendo el reto con alegría, con la valentía de una gran actriz que es capaz de adentrarse en los agujeros más oscuros para encontrar la luz.

Por todo esto es maravilloso que esté logrando este reconocimiento, eso alienta mi esperanza. Intuyo a Federico echándole una mano desde el cielo, nuestro andaluz universal cuidando a esta aragonesa universal porque se lo merece. Yo sé que su premio en sí ha sido participar de esta película, pero no está nada mal un Goya. Y este le ha tocado a ella. Es bueno para el cine, para la gente del cine, para las mujeres, para el duende y para el arte premiar el amor, la entrega, el talento que se regala. Es bueno que de vez en cuando hagamos honor a la justicia poética.

¡Comparte ahora este artículo con tus amigos!