Principiantes con experiencia

Entrevistamos a los nominados a Mejor Dirección Novel
Rodaje de El desconocido en los cantones de A Coruña N LOS CANTONES z
Dani de la Torre en el rodaje de El desconocido en los cantones de A Coruña

Es un año de óperas primas. Entre las cuatro películas finalistas a Mejor Dirección Novel acumulan nada menos que 20 nominaciones a los Premios Goya. Ocho para El desconocido, de Dani de la Torre; seis para A cambio de nada, de Daniel Guzmán (incluyendo Mejor Película); y tres para Techo y comida, de Juan Miguel del Castillo, y Requisitos para ser una persona normal, de Leticia Dolera. ¿Se animarán los productores ante este éxito a confiar en un debutante para apostar por su primera película? 

Enrique F. Aparicio

“Desde que decidí hacer una película hasta que la he hecho han pasado veinte años”. El autor de la frase es Juan Miguel del Castillo, director de Techo y comida. Levantar el presupuesto para una ópera prima parece tarea de titanes. “Me he recorrido todas las productoras de Andalucía y de Barcelona dando la lata con varios proyectos, y hasta ahora nunca había salido ninguno adelante. Hay que ser muy insistente y no rendirse. Tienes que tener talento, claro, y un proyecto que enamore al productor. Son muchos factores los que tienen que confluir, pero es fundamental que a ti te apasione el proyecto. Todo eso y un poquito de suerte”.

Este año, las cintas nominadas a Mejor Dirección Novel tienen en común ser proyectos de largo recorrido. A todas les ha costado años pasar de idea a largometraje. Daniel Guzmán [entrevistado entre los nominados a Mejor Película] ha estado casi diez años tratando de materializar A cambio de nada. “Para mí el primer premio fue tener el guión terminado. El segundo, poder rodarlo. El tercero, que mi abuela estuviera en la película. Después, poder estrenar. Y finalmente, que conectara con la crítica y con el público”, comenta el debutante madrileño. Una sensación que también conoce Dani de la Torre, que ha sido nominado por su ópera prima El desconocido. “Siempre es difícil para un novel llamar a la puerta y que confíen en ti. Presenté siete proyectos diferentes hasta que surgió el germen de El desconocido. Toqué a Luis Tosar para que lo leyera, le gustó mucho y entre él y Vaca Films auparon el proyecto y confiaron en mí. Es difícil hacer la primera película, pero también la segunda y la tercera. Siempre digo que hice mi primera película como si fuera la última”.

Leticia Dolera, que cierra la categoría con su nominación por Requisitos para ser una persona normal, explica que “todo aquel que ha levantado una película sabe lo mucho que cuesta. Pensemos que una película de un millón de euros es una película barata, así que es como montar una gran empresa. Pero somos gente que ama lo que hace, y nuestra pasión hace que sigamos en esto por mucho que nos digan que no”. Recuerda que “producir una película es un riesgo económico muy alto, pero por el que merece la pena luchar porque el cine es nuestro legado cultural. Estamos contando quiénes somos como sociedad. Me tranquiliza que, aparte de los premios y las críticas tan buenas, Requisitos ha funcionado a nivel de espectadores, y eso es un regalo increíble, porque las películas las hacemos para que las vea la gente”.

Del Castillo rememora el camino a sus espaldas. “Cuando empecé a escribir el guión no sabía si iba a poder sacarlo adelante. Afortunadamente atrapó a los miembros de la productora, y si la película ha salido adelante ha sido gracias a ellos. Hubo una pequeña campaña de crowdfunding que nos permitió obtener solo el 10 o 15% del presupuesto, aunque fue un empujón importante porque la gente empezó a conocernos. La financiación ha sido fundamentalmente de capital privado y de la aportación del equipo, que formamos una cooperativa. No hemos tenido subvenciones ni hay ninguna televisión detrás de la película”, explica el director jerezano.

Rodaje de requisitos para ser una persona normal
Leticia Dolera en el rodaje de Requisitos para ser una persona normal

Género sin paliativos

Aunque de bagaje industrial similar, las cuatro películas apuestan por temáticas diversas y desprejuiciadas: una comedia romántica, un thriller de acción, un drama social y una aventura iniciática sobre la adolescencia. ¿Se ha perdido el miedo al género en el cine español? “Las películas de Daniel Monzón o de Javier Ruiz Caldera”, reflexiona Dolera, “son ejemplo de género puro avalado por la crítica y que triunfan en taquilla. Hemos roto con la idea de que el cine español ha de tener un tono determinado, existen cintas de todo tipo porque hay voces de todo tipo. El cine es un reflejo de esas voces creativas”.

De la Torre coincide. “Las óperas primas suelen tender a apuestas más personales, pero también se puede marcar un estilo con un thriller de acción. Ahí está la gran riqueza que tenemos desde hace unos años. No hay más que ver las cuatro óperas primas nominadas: estilos diversos y opuestos. Eso habla de una variedad cinematográfica que es muy positiva para nosotros y para el público, que puede escoger entre más opciones. Así se fideliza un público de gusto diverso”. En su caso, “al plantear la película lo que más me importaba era el público, que la gente fuese a verla. La he hecho con clara vocación comercial y de entretenimiento. Creo firmemente en que un cine comercial de calidad es posible, en España hay muchos ejemplos: La isla mínima, El Niño, Celda 211… Se han perdido ciertos complejos y hoy en día en el cine español se puede hacer cualquier género y el público lo apoya”. Aparte del género, la temática también puede causar un cierto rechazo. Como explica Del Castillo, que en Techo y comida pone al espectador frente a las víctimas de la crisis económica sin la posibilidad de apartar la mirada. “La temática es difícil”, comenta, “hay una serie de películas que reflejan historias de la crisis, quizás no muchas de manera tan explícita como esta. El año que viene sale otra película sobre desahucios [Cerca de tu casa, de Eduard Cortés], y me dicen que el tema les está poniendo muchos obstáculos para sacarla adelante. Una historia así no es vendible ni bienvenida por la industria, pero puede haber proyectos que cambien tópicos. Estamos luchando para que eso ocurra. En el Festival de Málaga ganamos el Premio del Público. Fuimos los primeros sorprendidos. Esto demuestra que si una historia te emociona y te cuenta algo importante, a la gente le gusta aunque sea dura”.

Leticia Dolera también se ha propuesto romper tópicos, en su caso desde la comedia. Requisitos para ser una persona normal es un canto de amor a la diferencia. “Con todo el tema de la crisis, la gente lo está pasando tan mal que me apetecía hacer una comedia para que los espectadores salieran del cine felices. Me parecía que hablar de temas como la integración de personas con discapacidad, de la diferencia, de la normalidad que no existe, de aprender a aceptarnos… era apropiado en tono de comedia. Todas las películas, además de entretener, tienen que hacerte reflexionar. El cine mejora y fomenta la empatía, puede ser un estupendo elemento transformador e integrador”. La directora catalana encuentra que “la diferencia nos hace más ricos en todos los aspectos. El cine debe reflejar esa diferencia. Vivimos en una sociedad que tiende a convertirnos en estereotipos: todos debemos aspirar a lo mismo, tener los mismos sueños, sentirnos atraídos por el mismo tipo de personas… así perdemos muchas cosas, la diferencia es un valor. En Requisitos hay un cambo de rol, por ejemplo la chica es la que se declara al chico, que además es gordo… Me apetecía romper estereotipos”.

Juan Miguel del Castillo, director de Techo y Comida

Juan Miguel del Castillo, director de Techo y Comida

Deslocalizando

Los nuevos directores también parecen haberse propuesto renovar los paisajes de nuestro cine, tanto geográficos como humanos. “Es bonito y necesario”, asegura Juan Miguel del Castillo, “que el cine español amplíe sus localizaciones [su cinta transcurre en Jerez de la Frontera]. “Hay mucha gente intentando sacar cosas adelante, pero existen muchos obstáculos. A mí me dicen que mis proyectos son muy localistas, pero yo creo que la historia de Techo y comida podría suceder en cualquier ciudad de España, aunque no deja de tener un marcado toque andaluz. Afortunadamente a la productora, Diversa Audiovisual, una de las cosas que más le gustaban del proyecto era precisamente ese ambiente localista, algo que no está tan visto, menos genérico. Ojalá pueda hacer más películas aquí, hay muchas historias que contar”.

Reconoce que “la mitad del equipo era de Barcelona, casi todos los técnicos, y conseguir materiales en Jerez es imposible, hay que ir a Sevilla o Madrid. Eso complica las cosas, pero al final se sacan. Mi sueño era hacer una película y poder dormir en mi casa durante el proceso. Eso no tiene precio”. Del mismo modo, Dani de la Torre presenta en El desconocido una A Coruña sorprendentemente cinematográfica. “Se barajaron muchos escenarios”, reconoce el gallego, “la única condición es que la ciudad tuviese mar y que no fuera excesivamente grande. De este modo el coche, a medida que se mueve, va mostrando escenarios muy distintos y la cinta gana en dinamismo. En A Coruña tienes todo muy cerca: mar, playa, zonas verdes, grandes avenidas, calles estrechas… Además la productora tiene allí la sede y su relación con el ayuntamiento es excelente”.

Algo que devino en fundamental. “Es una película íntegramente en exteriores y hubiese sido un infierno no tener al ayuntamiento de nuestra parte. Acabó siendo un miembro más del equipo: nos dejaron dotaciones de bomberos, de policía, nos ayudaban a cortar calles… Fue un apoyo total y de alguna manera la película le devuelve esa apuesta. Visualmente la ciudad queda muy bien retratada y se aprovecha la potencialidad que tiene. El cine es un gran embajador del lugar donde se rueda”, asegura De la Torre.

La apuesta de Dolera pasaba, más que por una localización concreta, por una concepción estética muy determinada. La suya es una película de vivos colores y frecuentes rótulos y experimentos visuales. “La rotulación y el grafismo estuvieron claros desde el principio”, explica la realizadora, “quería una película dinámica y cargada de imaginación. En la sala de montaje le dimos muchas vueltas, probamos muchas cosas. David Gallart [nominado al Goya a Mejor Montaje] es un tío al que le gusta experimentar, afortunadamente. Nos volvimos muy locos pero, al final, con el material que tenía­mos sacamos la mejor versión posible de la película”.

Lo cual no fue un camino de rosas. “Recuerdo una cierta insatisfacción durante el proceso de montaje. Vi la película muchísimas veces con cambios distintos y me daba la sensación de que todavía se podían mejorar cosas. Recuerdo el día que la vi y, aunque todavía faltaba música y demás, estructuralmente supe que estaba terminada. Me tumbé en el suelo y estuve diez minutos sin moverme, sin creerme que podíamos pronunciar la frase ‘tenemos corte final’”, rememora feliz Dolera. Esperemos que estos cuatro debutantes con experiencia no tarden tanto en volver a pronunciarla.