El Goya a la Mejor Película Europea es una rara avis entre las muchas categorías de este premio. Para empezar, lo suele recoger –dada la habitual ausencia del director o productor de la película– el distribuidor español, y ese no es realmente el destinatario del premio. Se recoge el Goya en nombre de alguien. Eso no reduce ni la emoción del momento ni las felicitaciones de amigos y familiares, pero la sensación de lucir algo que no es tuyo está allí | Por Stefan Schmitz y Enrique Costa

Enrique Costa y Stephane Smith. Foto: ©Miguel Córdoba

Emociones encontradas aparte, este Goya tan especial supone un apoyo significativo en varios sentidos. El extra de visibilidad ante los más de tres millones de espectadores de la gala y la repercusión en los demás medios permite, en general, un reestreno en algunas salas. En función de la película y de cuánto tiempo haya estado ya en pantalla, eso puede suponer un ingreso más o menos relevante.

También es importante, bendito Goya prestado, el subidón emocional que supone el premio para el distribuidor. Un Goya no deja de ser un premio que te dan tus compañeros. En el caso de los distribuidores, tristemente pocos son miembros de la Academia, pero aún así, sienta muy bien y anima a seguir. Otro componente del éxito, no menos relevante, es la visibilidad que da este premio a una parte de nuestra industria que muchos desconocen por completo.

Es normal que la mayoría de nuestros espectadores no sepan quién les haya traído una u otra película, como tampoco sabrían decir quién les trae una manzana o un detergente a la tienda de la esquina. Resulta difícil entender la diferencia entre un distribuidor independiente o una multinacional. Es más, ¿por qué debería importarnos?.

Pero el hecho de que un distribuidor independiente pueda recoger un Goya lo sentimos también como un reconocimiento a nosotros y a nuestros compañeros, que viajamos por el mundo rastreando los festivales y mercados de cine. Estamos a la caza de estas joyas que hacen que la oferta de cine que disfrutamos sea más rica, diversa e interesante. En muchos casos elegimos películas arriesgadas que distribuidores solo concentrados en el negocio no traerían jamás.

Somos nosotros, los independientes, los que ofrecemos la mayoría de las películas europeas, así que hemos sido los distribuidores independientes los que hemos recogido este Goya más veces.

A menudo, tanto en la producción como en la distribución, se achaca a nuestro sector la dependencia de la subvenciones. Es así. Sin los apoyos de nuestros gobiernos y de la Comunidad Europea la distribución independiente no podría sobrevivir. Y aún así nos seguimos jugando el pellejo demasiado a menudo.

Pero este artículo no pretende ser la plataforma para una queja. Nuestra intención es más bien un profundo agradecimiento. Nuestro trabajo será arriesgado y poco seguro pero no deja de ser la profesión más bonita que cabe imaginar. El público nos lo agradece y, si encima llega un Goya, la satisfacción es completa. Gracias pues a los académicos, a los organismos públicos que nos apoyan y a Paul Verhoeven y los productores de Elle que nos han permitido compartir este momento de gloria con ellos.

*Stefan Schmitz es fundador y director general de AVALON, y Enrique Costa es socio y distribuidor de AVALON
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