La fantasía como arma

Sergio G. Sánchez reflexiona sobre El secreto de Marrowbone, película que le ha valido  la nominación a Mejor Dirección Novel

Rodar El secreto de Marrowbone supuso la realización de un sueño de infancia. Desde que tengo uso de razón he querido ser director de cine. El camino ha sido largo, con muchas idas y vueltas, pero ahora siento cada paso como algo necesario para llegar hasta aquí, y si bien me ha tocado debutar en la dirección cumplidos los 40, también me siento afortunado por seguir siendo un primerizo a estas alturas, como lo fui con mis 20 en el cortometraje o a mis 30 en el guión.

La película es una fábula sobre el amor y la fantasía como armas para construir un universo donde los monstruos del mundo real no tienen cabida. Sobre nuestra capacidad de imaginar un lugar donde nada, nadie, nunca, pueda arrebatarnos lo más hermoso y preciado. Y gracias a la cual nuestro espíritu siempre se alza más poderoso que esa realidad que no elegimos.

Lo más estimulante del proceso ha sido el trabajo en equipo, porque dirigir consiste en formar una familia y liderarlos hacia la consecución de un objetivo común. Lo principal era comunicar a todos los implicados la película que intentaba hacer, y después generar el espacio para que todos pudiesen aportar su talento, cuidando cada detalle y permaneciendo atento a que cada una de las decisiones sumasen en la construcción narrativa.

He tenido la inmensa suerte de contar con un equipo excepcional. Belén Atienza, Ghislain Barrois y Álvaro Augustin como productores, Sandra Hermida como directora de producción, Xavi Giménez de director de fotografía, Patrick Salvador como diseñador de producción, Sonia Grande diseñando el vestuario, Sergio Bürmann, Pelayo Gutiérrez, Oriol Tarragó y Marc Orts a cargo del sonido, Fernando Velázquez como compositor, Elena Ruiz al montaje… y un elenco de jóvenes actores británicos maravilloso: George, Anya, Charlie, Mia, Kyle y el pequeño Matthew.

Ahora que la peli ya no es mía, sino vuestra y de todo el público, mi sensación es parecida a la del protagonista de la película ante su historia. Tengo un recuerdo maravilloso de algo que fue complicado, casi tortuoso. Las dificultades, el cansancio, la tensión del proceso (inevitables, por otro lado, cuando te va la vida en lo que haces) desaparecen del recuerdo dejando solo la felicidad del viaje compartido con todo mi equipo. Y siento que nada, nadie, nunca podrá separarnos; somos uno.

Acabo este viaje desbordado de gratitud y deseoso de emprender el siguiente.

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