Chicho Ibáñez Serrador, el maestro de los universos alterados

La periodista y crítica de cine Desirée de Fez nos acerca a la figura del Goya de Honor 2019

Foto: ©Cortesía de Prointel

Por Desirée de Fez

Es difícil encontrar a un profesional tan polifacético –y clave en todas las disciplinas en las que se ha realizado– como Narciso Ibáñez Serrador. Y aún es más difícil encontrar a un autor cuya obra se proyecte en la de varias generaciones de autores posteriores. Por todo esto, es muy difícil resumir su biografía, su obra y su importancia en unas líneas. Cualquier intento de sintetizar su trayectoria se convierte en el dibujo de un camino fascinante que cada pocos metros se rompe, se bifurca y toma dos sendas igual de fascinantes, que a su vez se bifurcan en otras dos sendas más. No obstante, aunque su trayectoria abarca varias disciplinas (siendo el cine y la televisión las más importantes), puesto que el Goya de Honor lo concede la Academia de Cine, tiene todo el sentido hacer hincapié en su importante contribución cinematográfica.

Es imposible escribir la historia del cine de terror moderno y del cine de género (no solo de terror) de nuestro país sin detenerse en Chicho. La residencia (1970) y ¿Quién puede matar a un niño? (1976), las dos películas que concibió para la gran pantalla, no solo son dos de nuestras cimas del cine de terror: personales, originales, creadas por un cineasta con un don sobrenatural para representar las pesadillas más siniestras. La segunda es directamente una de las obras de terror más aplaudidas internacionalmente e imitadas de la historia. Hay pocas películas (quizá ninguna) posteriores, de la nacionalidad que sean, articuladas en torno al espeluznante binomio infancia-maldad que no tomen las ideas, la atmósfera y el sentido del suspense y del horror de ese clásico de Serrador. Pero su aportación al cine de género no se limita a esas dos películas. Adelantado a su tiempo, Chicho supo ver hace más de cuatro décadas lo que muchos empiezan a entender ahora: que la jerarquía entre formatos y pantallas es algo bastante absurdo. Por eso no tuvo problema en invertir también en televisión su talento y su ingenio como creador de universos alterados.

Los episodios de terror, fantasía y suspense de sus Historias para no dormir (1964-1968), uno de sus hitos televisivos, son tan brillantes e influyentes como las películas citadas. En esas historias también está, al menos en parte, el despertar al cine de género de cineastas como Álex de la Iglesia, J.A. Bayona, Alejandro Amenábar, Jaume Balagueró, Paco Plaza o Rodrigo Cortés. Como también lo está en sus presentaciones para el espacio televisivo Mis terrores favoritos, donde recomendaba sus películas de miedo preferidas y cumplió una labor fundamental como divulgador. Tanto en su obra como en el entusiasmo con el que compartió los terrores ajenos está parte de la escuela de todos estos cineastas (y de muchos más) y de la fascinación por el terror y la fantasía de tantos espectadores. Serrador nunca se cerró al fascinante reducto de los relatos fantásticos y de terror. Su inquietud y su curiosidad por los cambios y por las posibilidades del audiovisual de cada época le llevaron, entre otras cosas, a hacer historia de la televisión en España con un concurso del éxito de Un, dos, tres… responda otra vez (estrenado en 1972). Pero para los cinéfilos es y siempre será el hombre que nos confesó sus terrores favoritos y nos invitó a descubrir los nuestros.

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