Efectos ‘invisibles’

Foto: ©Miguel Córdoba


El director de El Ranchito, Félix Bergés, dedica unas palabras a los ganadores de Goya de Mejores Efectos Especiales, Laura Pedro y Lluís Rivera

 

Por Félix Bergés |

Me piden que hable del trabajo de efectos visuales en general y, en particular, de los efectos de Superlópez, y creo que pocas veces lo tendré más fácil. El trabajo de visuales se ha hecho en la empresa en la que trabajo, El Ranchito, y la supervisora de efectos es Laura Pedro, a la que conozco y aprecio muchísimo. Laura empezó conmigo hace unos pocos años en la película de Juan Antonio Bayona Un monstruo viene a verme, y hemos trabajado juntos desde entonces en varias producciones. Me alegra enormemente que haya llevado tan bien la dirección de los efectos visuales de Superlópez y que por fin una mujer gane un Goya a los Mejores Efectos Especiales. Lentamente, vamos acercándonos a lo que tiene que ser.

Los efectos visuales o especiales en nuestro cine suelen ser lo que llamamos “invisibles”. Hacemos algo que, siendo imposible de rodar, al final en la película queda tan realista que nadie nota que se utilizaron ordenadores o trucos de efectos físicos para hacerlo. Hoy en día, en casi todas las películas españolas hay un paisaje, un edificio, una escena con mucha niebla, una casa quemándose o, simplemente, una ciudad detrás de una ventana que queda estupendamente bien en la película; “te lo comes”, decimos muchas veces y resulta que nunca se rodó como tú lo ves. Utilizando pantallas azules, fuegos rodados contra fondo negro, humo en vez de niebla y muchas, muchas horas de técnicos delante de un ordenador, somos capaces de engañar al ojo y que “se coma” lo que hay en la pantalla.

En nuestro país, rara vez hacemos una película en la que los efectos, ya sean físicos o visuales, son protagonistas, o tan siquiera visibles. Películas del espacio hacemos pocas, entre una y ninguna, creo. De desastres naturales, lo mismo, que yo recuerde una. Y de superhéroes hacemos solo las de los nuestros, y esta vez tocó Superlópez.

Es una oportunidad de oro para los que nos dedicamos a esto poder trabajar en un proyecto como Superlópez. Y lo primero que hay que decir es que el director Javier Ruiz Caldera y el equipo que ha hecho los efectos de la película la aprovechó, pero bien. El Goya a los Mejores Efectos Especiales es una muestra y el éxito de público otra, porque nadie quiere ir a ver en 2019 una historia de superhéroes, aunque sean de los nuestros, donde los efectos no funcionen.

Hay que darse cuenta de que, después de muchos años viendo cintas de superhéroes con unos impresionantes efectos visuales (hablo de las de Marvel o Superman), hemos subido muchísimo nuestro nivel de exigencia. Nosotros, con presupuestos y formas de producción a años luz de las grandes producciones norteamericanas, tenemos que dar la talla. Es verdad que la complejidad de nuestras películas por definición es menor, pero la calidad de lo que mostremos debe ser, y desde luego en este caso lo es, como las americanas. Para mí, el gran reto de películas como Superlópez es diseñar y crear unos robots, unas escenas de vuelo y, en general, unas escenas de acción y de efectos que sean fieles al espíritu del cómic, con su punto de sencillez y parodia, pero que funcionen en pantalla para los espectadores de hoy. Muchas veces hacer algo cómico pero que no quede ridículo es más difícil que no tener límites en la creatividad y hacer algo muy complejo y espectacular. Un ejemplo de esto es el robot de la película, tiene un punto cómico importante en su diseño, su forma de andar en el modo, en el que lo maneja Ágata, debía ser divertido y lo es, pero además está bien realizado. Como personaje funciona y la forma en la que Superlópez se pelea con él funciona genial. El equipo de efectos solucionó muy bien la forma de rodar para que la escena funcionara, haciendo de rodaje real todo lo posible y utilizando 3D para el resto. Los planos en los que Superlópez es también 3D funcionan estupendamente.

Sé por experiencia propia que uno de los efectos más difíciles es hacer volar a alguien: parece algo sencillo, cuelgas a una persona, le pones delante un ventilador y haces que el fondo se mueva en consecuencia al vuelo que quieres hacer. Que un plano de alguien que se cae o que vuela sea creíble es, en general, una pesadilla. En parte es porque todos sabemos que hay truco y tu cerebro no te deja creer que es verdad, en parte porque el movimiento que puedes conseguir con un ser humano colgado sin matarlo del todo es limitado, en general de todo el catálogo de efectos es el que los técnicos más tememos. Me consta, porque viví el trabajo en El Ranchito, que se peleó con ganas para que los numerosos planos de Superlópez volando quedaran con el tono adecuado y que funcionaran.

Del resto de efectos solo quiero decir que me parecen divertidos y originales. A mí, particularmente, me gusta el planeta Chitón, el diseño está muy conseguido y tiene el tono absolutamente perfecto para el filme.

Quiero terminar dando mi enhorabuena a Javier Ruiz Caldera y al equipo de efectos de la película por esta pieza de superhéroes a la española tan magnifica. Y quiero agradecer a los productores la oportunidad que nos han dado a los que nos dedicamos al mundo de los efectos de demostrar que podemos hacerlo muy bien.

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