La magia del cine | Desenterrando Sad Hill

Por Guillermo de Oliveira |

Cuando en noviembre de 2014 me enteré de que un grupo de fans quería devolver el cementerio de Sad Hill a la vida, casi me explota el cerebro. Me parecía increíble que una localización que daba por desaparecida hacía medio siglo siguiera existiendo. Cubierto bajo un manto vegetal de 20 centímetros, el círculo de piedra en el que se retaban Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach en el memorable final de El bueno, el feo y el malo estaba ahí. Las casi 5000 tumbas levantadas a su alrededor en 1966 todavía eran reconocibles. Tan solo esperaban a que alguien las rescatara de un olvido que parecía inexorable.

Sabía que esa idea hermosa y poética encerraba una historia y por eso, acompañado de un dron y una cámara, acudí al lugar antes de que empezaran a trabajar. Pensaba que mi pequeño reportaje estaría listo en pocas semanas, pero lo que sucedió después me pilló desprevenido.

En aquellos primeros fines de semana, los voluntarios fueron conscientes que esa quijotesca tarea era mucho más complicada de lo que imaginaban, pero su particular fenómeno apenas estaba despegando. Con la ayuda de las redes sociales, la noticia co-rrió como la pólvora y pronto se les unieron fans de otros pueblos, de otras provincias y en pocas semanas de otros países. Y eso despertó en mí una curiosidad insaciable. 

¿Por qué recorre alguien 1200 kilómetros en coche cada cinco días para ir a cavar a un cementerio? Esa es la pregunta que convirtió un pequeño reportaje en mi primer largo documental. En la búsqueda de una respuesta, personas como Joe Dante, Ennio Morricone, Álex de la Iglesia, James Hetfield o el mísimimo Clint Eastwood nos han ayudado a arrojar luz sobre el fenómeno. Pero solo cuando les acompañas durante un viaje de 85 minutos te acercas a comprender que la magia del cine todavía existe y vive en sus corazones.

Durante más de tres años, Sad Hill no nos ha dado ni un respiro. La meta siempre está a la vuelta de la esquina, pero el sueño se resiste a terminar. La nominación a Mejor Documental es la última parada en un viaje increíble. La clase de historia que nos acompañará hasta el fin de nuestro días.

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