Rodrigo Sorogoyen | Mi reino por un Goya

Foto: ©JulioVergne

No llegó a conocer a su abuelo Antonio del Amo (director de películas como Noventa minutos y El pequeño ruiseñor), así que nunca sabremos si a Rodrigo Sorogoyen la vena cinematográfica le asaltó por vía genética o atmosférica. Bregado como guionista y director en series de televisión de distinto pelaje, y aunque firmó junto a Peris Romano 8 citas (2008), su verdadero bautismo en el séptimo arte se consumó durante los doce días en que filmó Stockholm (2013), una pesadilla resultado del sueño de la comedia romántica, que supuso su primera colaboración con Isabel Peña, desde entonces inseparable coguionista. Desde aquella azotea madrileña abocada al abismo viajó al subsuelo de la capital en Que Dios nos perdone (2016), un potente thriller que dejó un reguero de nominaciones y premios, además de efectos más tangibles como una generosa taquilla en Francia.

Por Enrique F. Aparicio

La historia protagonizada por Antonio de la Torre y Roberto Álamo colocaba a Sorogoyen, junto a Alberto Rodríguez, en la cresta de la nueva ola del nuevo thriller español, que pareció tragarse por momentos las carteleras nacionales hace unos años. Ya en marea baja de aquel tsunami llega El reino (2018), hasta ahora la gran película sobre la corrupción en nuestro país, que arrastra al género y a la nerviosa cámara de Sorogoyen los papeles que los periódicos daban como exclusiva y que muy difícilmente podrían sostenerse como arco argumental verosímil. “Hemos leído cosas que son ciertas y que nos hubiera encantado poner en la película, pero que yo como espectador no me las creería si no supiese que son verdad”, confesaba el cineasta, que se declaraba fascinado por esos “personajes de los que nos preguntamos: ¿sabe que está mintiendo? ¿Se acuesta cada noche pensando que está mintiendo?”.

Convencidos de que la fuerza de un relato es más poderosa que la de las noticias, Peña y Sorogoyen escribieron El reino con el temor de que en paralelo se estuvieran desarrollando más historias sobre la ciénaga política. Ante la dificultad de empatizar con los altos mandamases del Estado, decidieron poner como primer motor de esta historia a un personaje ‘hitchcockiano’, “un hombre normal metido en una situación extraordinaria. Es un tipo que no esperaba que le ocurriera esto, que creía tener su vida solucionada”, a golpe de remo en yates privados y mordidas al sector público. La piel de ese protagonista la encontró el cineasta en Antonio de la Torre, al que define como “un animal político”, que se sumó a la preparación de un libreto para el que contaron con el asesoramiento de Cristina Cifuentes o Ana Pastor, retratada “sin ningún tipo de disimulo” en el personaje de Bárbara Lennie.

El próximo 2 de febrero, Sorogoyen puede levantar dos goyas y medio: Mejor Dirección y Mejor Guión Original, por los que está nominado a título personal, y su porcentaje correspondiente en el de Mejor Película. Si alguno fructifica, será el primero que gane por un largometraje, puesto que el único galardón que decora el despacho del madrileño es el de Mejor Cortometraje de Ficción que le valió Madre, cuya adaptación a larga duración es el proyecto en el que está embarcado actualmente, además del desarrollo de una serie para televisión, de nuevo junto a Isabel Peña.

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