Una película cargada de futuro | El silencio de otros


Por Almudena Carracedo y Robert Bahar |


C
uando empezamos El silencio de otros, hace siete años, no podíamos ni imaginar lo que nos esperaba, ni la repercusión que la película tendría un día. Soñábamos; pero los sueños llegan con mucho trabajo, mucho sacrificio y mucho compromiso.

En ese momento la “querella argentina” daba sus primeros pasos, y pocos apostaban gran cosa por ella. Pero a nosotros nos abría una oportunidad única para poder explorar el legado del franquismo en la España de hoy y la lucha de las víctimas del franquismo; en presente. Es decir, no como un documental histórico sino como el relato de una lucha en presente a través del cual, día a día, año a año, la película acompaña a los querellantes en su largo viaje hacia la justicia.

Hacemos las películas a fuego lento. Grabamos pacientemente durante largos períodos con un equipo muy pequeño (Almudena filmando y Robert encargándose del sonido), observando cómo se van desarrollando las historias y viendo hacia dónde nos llevan. Este proceso hace que tengamos mucho material –acabamos grabando más de 450 horas– pero también nos sumerge en la historia y crea un acceso muy íntimo a los protagonistas, fundamental para contar esta historia. Nuestro proceso de montaje también es extenso y paciente: pasamos catorce meses en la sala de montaje, construyendo la película lentamente.

A nivel personal, ha sido un trabajo emocionalmente muy duro, con una implicación muy estrecha con los protagonistas a lo largo de los años. Queríamos humanizar un tema muy complejo y tratarlo con ternura, respeto y delicadeza. Pero a menudo nos asaltaban las dudas. ¿Seríamos capaces de plasmar todo este dolor, pero también toda esta lucha y esta dignidad? El día del estreno mundial en la Berlinale, cuando se puso en pie el público emocionado, entendimos aliviados que la película tenía mucho que hacer en el mundo.

Llevamos diez meses viajando con la película, y seis semanas en cines en España. Es hermoso sentir la emoción que emana de las proyecciones, dentro y fuera. Es emocionante ver a la gente –jóvenes, mayores y los que estamos en el medio–  acoger esta película y hacerla suya, como herramienta para una conversación necesaria y tanto tiempo acallada sobre el olvido y sus consecuencias. Creemos que el arte, la literatura y también el cine pueden ayudarnos no solo a soñar con un futuro mejor, sino a que esos sueños se vuelvan realidad en el presente.

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