Volver distinto | Antonio de la Torre en La noche de 12 años

Antonio de la Torre, nominado a Mejor Actor de Reparto, visto por su director Álvaro Brechner

 

Por Álvaro Brechner

Aún recuerdo la primera vez que me reuní con Antonio en una cafetería para contarle La noche de 12 años. No llevaba ni diez minutos cuando me interrumpió: “que esta historia hay que contarla está claro. ¿Para qué hemos quedado? ¡Solo dime cuando empezamos!”. Como director que ama trabajar con actores, tener enfrente a un actor único e inigualable como Antonio de la Torre es un sueño. También un desafío. Uno dirige con la mente, el corazón y el estómago. En estado de gracia, los tres órganos están alineados. Pero el que te anima a lanzarte a la verdad es el estómago. Y Antonio combina los tres. Pero es su mirada llena de poderosa verdad la que desvela su estómago indómito, auténtico y valiente.

No era un viaje fácil ni placentero. El desafío era enorme. Exigía descender al abismo físico y mental, bajo una responsabilidad que traspasaba fronteras. Además de perder 15 kilos para reflejar el realismo impuesto por el cautiverio, debía incorporar el acento uruguayo, transformarse –en sus años de juventud– en una personalidad internacional como Pepe Mújica y, sobre todo, bajar al mismísimo infierno mental que experimentaron estos hombres en 12 años de aislamiento y confusión, en donde fueron despojados de casi todo aquello que los constituía como individuos, y en donde la locura y la capitulación estuvieron a punto de ganarle la partida. Un día le preguntamos a Mujica: ¿cómo se sobrevive a algo así? Nos respondió: “nadie sabe lo fuerte que es hasta que ser fuerte es la única opción que te queda”. Y, desde nuestro humilde lugar, intentamos abordarlo.

No buscamos una imitación. Queríamos animarnos a vivirlo, a experimentar ese pasaje por las tinieblas en donde se debaten los dilemas más profundos de la existencia humana. El vértigo no desanimó a Antonio. Lo asumió con conmocionante entusiasmo y valentía. Más allá de su investigación y sus encuentros con Mújica, lo más importante era ir más allá de los hechos sucedidos. Sumergirnos en, quizás, la determinación extraordinaria de esa lucha psicológica e inalienable del ser humano por conservarse hombre y no convertirse en animal. La locura mental estuvo rondando también en Chino Darín y Alfonso Tort, que se lanzaron a este salto al vacío sin red. Ninguno salimos de esta experiencia igual que como entramos. Como repetimos con Antonio, las películas que vale la pena hacer son las que uno, como ser humano, aprende del viaje y vuelve distinto.

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