Y el Goya de Honor es para…

Foto de Concha Velasco

Goya de Honor 2013 · 27 Edición

Concha Velasco

Actriz

Valladolid, 1939

Su primera frase en la gran pantalla fue toda una declaración de intenciones –“Descuide”– y a los 18 años fue Paloma en Las chicas de la Cruz Roja, la niña de clase media que triunfa, la mujer que todas querían ser. Divide su carrera cinematográfica en dos etapas, el cine popular de sus primeros años que la dio a conocer al gran público, y las películas que le hicieron crecer como intérprete. Hacer balance sobre la carrera de Concha Velasco no es solo hablar de cine, hay que detenerse en sus canciones –con una personalidad arrolladora convirtió ‘La chica yeyé’ en un himno–, sus obras de teatro, su trabajo en televisión… A esta actriz sin escuela y “de tripa”, tal y como la definía Luis García Berlanga, le gustaría haberse encontrado consigo misma para ver qué tal se cae.

 

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©Mi mujer es muy decente dentro de lo que cabe

 

Debutó en el cine con La reina mora (1954), de Raúl Alfonso; pero será en 1958 con Las chicas de la Cruz Roja, de Rafael J. Salvia, cuando la pucelana se convierta en representante de la nueva comedia española, que rompió moldes con el cine de posguerra. Según el Diccionario del Cine Español, dirigido por José Luis Borau, la “entonces Conchita Velasco encarnaba la imagen de muchacha moderna pero honrada, simpática y no casquivana, redicha, pícara, con sentido común y respetuosa del orden, es decir, una perfecta novia”. Tras éste vendrían un sinfín de títulos: El día de los enamorados, de Fernando Palacios; Los tramposos, de Pedro Lazaga; La verbena de la Paloma, de José Luis Sáenz de Heredia; Las que tienen que servir, de José María Forqué; En un lugar de la manga, de Mariano Ozores; Tormento, de Pedro Olea; y La colmena, de Mario Camus, entre otros muchos títulos. Alfredo Landa, José Luis López Vázquez y, sobre todo, Tony Leblanc y Manolo Escobar, fueron algunas de las parejas profesionales de esta intérprete, cuyas últimas apariciones en el celuloide han sido Rabia, de Sebastián Cordero; Enloquecidas, de Juan Luis Iborra; Chuecatown, de Juan Flahn; Bienvenido a casa, de David Trueba; y El oro de Moscú, de Jesús Bonilla. También coprotagonizó junto a Michel Piccoli Paris Tombuctú, última película de Luis García Berlanga.

Cuando estaba a punto de cumplir sesenta años en la profesión, ‘La Velasco’, “extremadamente supersticiosa y rencorosa, aunque odie serlo”, recibió el Goya de Honor rodeada de compañeros y amigos –“Este premio ha protagonizado mis sueños más eróticos. Es muy guapo, muy Rabal”–. Agradeció el galardón, embargada por la emoción, afirmando que “el Goya es el premio más importante de nuestro cine, y a mí el cine me gusta más que la vida. Si no se hubiera inventado, lo habría inventado yo: aquí está esta humilde cómica dispuesta a aceptar todos los papeles”.

Tener un Goya le llevó su tiempo, pero el galardón le llegó en un momento especialmente dulce. En ‘Yo lo que quiero es bailar’, su espectáculo de teatro, la intérprete vallisoletana le contaba a su público que la carrera de una actriz siempre empieza y termina con la misma proclama: “Concha Velasco, ¿quién es Concha Velasco?”. Ella, por haber dedicado “el 70%” de su vida a su trabajo, puede estar segura de que el público no la olvidará fácilmente. Ha conseguido todo lo que se ha propuesto en la vida: “Me ponía zapatos de tacón, me plantaba en las trenzas una flor, me pintaba los labios de carmín y buscaba el valor para decir: “Mamá, quiero ser artista, ¡Oh! Mamá, ser protagonista…”. No solo lo es, sino que es de las pocas que, en estos tiempos, puede gritar en un teatro que nadie echará el telón a sus sueños.

 

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©Pim, pam, pum… fuego

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©El oro de Moscú

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