La historia de los Premios Goya

El 12 de noviembre de 1985 fue una fecha clave para la historia del cine español. En unos momentos que consideraba inciertos para el futuro de nuestro cine, el productor Alfredo Matas convocó en el restaurante O’ Pazo de Madrid a un grupo de conocidas personalidades de la cinematografía para debatir los temas que les preocupan y buscar soluciones. Participaron los directores Luis García Berlanga y Carlos Saura, los directores de producción Marisol Carnicero y Tedy Villalba, los actores José Sacristán y Charo López, los montadores Pablo González del Amo y José Luis Matesanz, el guionista Manuel Matji, el músico José Nieto, el director de fotografía Carlos Suárez y el decorador Ramiro Gómez. De la reunión saldría el germen de una asociación, avalada por ochenta y siete firmas de profesionales, que daría lugar el año siguiente al nacimiento de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Este encuentro fue el génesis de la Academia. Y de los Goya.

Una vez que la Academia estuvo en pie, Jaime de Armiñán y Teo Escamilla compartían oficina en la calle Génova con una misión clara: preparar la primera edición de los Premios Goya en el Teatro Lope de Vega de la Gran Vía madrileña. En diciembre de 1985 aún no existía acuerdo sobre cómo se estructurarían los premios, qué diseño tendría o cómo se denominarían. Aunque se especuló con llamarles Premios Lumière, Premios Buñuel o Soles, Premios Goya sería finalmente el nombre elegido por los académicos en asamblea.

El argumento elegido para justificar esta decisión era que Goya, aparte de ser un pintor mundialmente conocido y representativo de la cultura española, resultaba un nombre corto y semejante a los de los Oscar o César que existían en Estados Unidos y Francia. Propuesto en Asamblea, los académicos se enzarzaron en una nueva polémica, zanjada a la postre por el director artístico Ramiro Gómez, quien recordó a los asistentes que Goya había tenido un concepto pictórico cercano al cine y que varias de sus obras más representantes tenían casi un tratamiento secuencial.

De cara a la primera edición, los académicos descartaron los premios a la película infantil, canción y programa filmado en televisión, así como el desdoblamiento del guión (original y adaptado) y del Goya de Honor (intérprete y técnico). Debutaron finalmente con 16 categorías, número que aumentó hasta llegar a las 28 actuales. En 1988 se añadieron las categorías de Mejor Dirección de Producción y Mejores Efectos Especiales, en 1989 se comenzaron a premiar por separado los guiones originales y los adaptados, en 1990 se añadió la categoría de Mejor Dirección Novel y Mejor Película de Animación, así como se empezaron a reconocer a los cortometrajes, en 1993 llegaron las películas europeas, en 1995 los actores revelación, en 2001 las canciones y en 2002 los documentales.

 

“No tengo la menor duda de que si Goya viviera hoy sería un cineasta. Entre la ficción y el documental se movería nuestro aragonés con la misma energía y desenvoltura, con el mismo talento, con la misma imaginación con la que siglos atrás dedicó una parte de su vida a dibujar y a pintar. Amigo de “ilustrados”, amante de la música antes de su sordera, hombre preocupado por su tiempo, observador implacable de la realidad, apasionado por la vida y por un trabajo que era, al mismo tiempo, necesidad expresiva y crónica de su propia vida. Era un cineasta creativo y poderoso antes de inventarse el cine. Por ello nada más acertado que llamar Goya a los premios de nuestra Academia de Cine”

CARLOS SAURA

La estatuilla

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